Tolerancia, no hay mejor palabra

En este mundo cambiante no hay lugar para verdades absolutas, aplicar el concepto de ojo por ojo nos llevaria a un mundo de ciegos.
El Fundamentalismo conlleva en si mismo la autodestrucción. Querer ver y juzgar desde una sola y única perspectiva es una visión limitante que conduce solamente a la confrontación. La única manera de avanzar como seres humanos y como sociedad, es trabajar unidos en un ambiente de paz, al cual se arriba por medio de la tolerancia. El hombre desde el principio de la historia tuvo que unirse en grupos para sobrevivir y realizar grandes obras. Baste imaginar que solo por medio del trabajo colaborativo fue posible construir pirámides, templos, palacios, puentes o ciudades majestuosas como en las civilizaciones antiguas. Sin embargo, este hecho pasó desapercibido y el hombre no entendió que solo con la unión era posible lograr éxitos así, en medio de su indiferencia dejo aflorar sentimientos negativos que fueron facilitando el inicio de conflictos bélicos que mas tarde pondrían fin a grandes Imperios.
Voltaire se paso media vida escribiendo sobre la tolerancia y avivando los odios contra judíos y cristianos. A él la tolerancia demoro en llegarle. Dado que el ser humano no suele conservar en la memoria las experiencias del pasado, esta destinado a repetir su historia. Hoy día, conociendo la existencia de armas que posibilitan la muerte del planeta y la extinción de la humanidad en tan solo unos cuantos segundos, es preciso que el hombre tome conciencia de que el único camino viable para avanzar, crecer y construir la paz es la tolerancia. Y es aquí donde nos adentramos en este principio sin el cual la convivencia pacífica y la sobrevivencía del hombre sobre el planeta será imposible.
Sabemos que la tolerancia es difícil de practicar, pero aun mas difícil de explicar, ya que como concepto presenta dos significados totalmente opuestos: por un lado es vista como la acción o el efecto de tolerar algo o a alguien; en este sentido se puede entender que es aceptar a quien infringe la norma implantada por un determinado grupo social.
Sin embargo, ¿Quien podría con certeza diferenciar el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto y lo legal de lo ilegal, cuando por momentos se creyera que el universo mismo esta “patas arriba”. Pareciera que el hombre ya no es capaz de profundizar en su interior y tocar las fibras de un alma que, aunque la ciencia no haya podido a la fecha descubrir exactamente en que parte del cuerpo se localiza, sabe que es el timón que dirige su conducta guiándolo hacia la luz y alejándolo de las tinieblas.
La humanidad a tolerado barbaries como el Holocausto sin emitir una sola palabra; ¿pensarían acaso que estaba pasando lo correcto? O mas aún que lo correcto era poner la otra mejilla. Y si los aliados entonces hubiesen querido cobrar “ojo por ojo”, ¿existiría aún la raza humana? Al respecto Shakespeare escribió en su época: “En este mundo, hacer el mal esta a menudo bien visto, y obrar bien puede ser locura peligrosa”
Así pues arribamos a la conclusión de que la tolerancia tiene límites que hacen posible la sana convivencia entre los hombres; de tal modo, las acotaciones de la tolerancia son declaradas por los grupos sociales y son tan diversas como el hombre mismo. Lo que si queda muy claro es que sus límites se alcanzan en el momento que se trasgrede el respeto y la libertad del prójimo.
Por otro lado, tolerancia significa la aceptación y el respeto por la diversidad de culturas, razas, tendencias sexuales, creencias e ideologías políticas, o errores de opinión basados en buenas intenciones. La tolerancia es una actitud de consideración, aceptación y disposición a admitir en los demás una manera de ser, de pensar y de obrar distinta a la propia, en suma: una toma de conciencia sobre la existencia de los demás.

La tolerancia es permitir al opuesto sumarse a un propósito común sin pretender eliminarlo y sin dejar de ser opuesto o diferente. Es sumar esfuerzos en un solo sentido, aportando cada individuo lo mejor de si en beneficio de todos. Es trabajar conjuntamente con el que es, o con el que piensa distinto, valorándonos bajo los mismos parámetros que al prójimo, enfatizando aciertos y superando carencias en aras del bien común. Sería muy fácil lograr el entendimiento de todos los hombres aceptando puntos de vista diferentes si cada persona fuera autónoma y viviera aislada; es decir, si no tuviera necesidad del “otro”y si sus acciones no interfieran con las del “otro” en ningún sentido.
No obstante, la realidad nos muestra que vivimos en una continua interdependencia, por lo que debemos conciliar intereses y mediar conflictos como parte de la dinámica cotidiana, ya que en las relaciones humanas, la única manera de afirmarnos es reconocer con humildad que requerimos de los otros; es reconocer que nadie tiene la verdad absoluta y que muchas metas solo cristalizan cuando se logran conciliar intereses diferentes. Además es conocido que el que no hace nada, no corre el peligro de equivocarse, aunque pretenda marcar normas, o recordar cosas sabidas, desde posiciones elevadas, de las que como se sube , se baja.
Puesto de esta manera, se entiende que la tolerancia solo es concebible bajo tres premisas: aceptación de la diversidad, inclusión del pluralismo y negociación de intereses.
El comportamiento tolerante es un claro signo de madurez y de paz interna. Es, generalmente, intolerante el que tiene miedo, el que se siente inseguro, el que piensa que su verdad es la única existente. La verdadera tolerancia es fruto de la confrontación tranquila con la verdad del otro.
No confundimos tolerancia con apatía, con dejar hacer, con indiferencia, con resignación. La práctica de la tolerancia exige de nosotros lucidez, coraje, ecuanimidad, para apartar toda manifestación de fanatismo y de imposición, ya que todos los hombres tenemos el mismo destino entre un punto de partida y un punto de llegada. Y así tenemos que ser como el fuego que esta siempre ardiendo. Que sea muy difícil apagarlo. Incluso en los peores momentos queda el rescoldo latente bajo las cenizas. Ahí se inicia el volver a empezar. Es bueno hacerlo como el Ave Fénix. Así iniciamos un vuelo superior, que no emprenden los que parece que vencen, sino los que saben levantarse de las peores caídas, aprendiendo cada lección de la vida en el día a día en el que nos abrazamos con el mundo.
Rectificando, cueste lo que cueste, y recordando que siempre hay viento para el que sabe a donde va. Nosotros lo conseguiremos porque navegamos por el mismo océano de la vida. Es por ello que se debe en la red, en la escuela, en las oficinas, asociaciones e instituciones de todo tipo, estimular el ejercicio diario de la tolerancia en el seno de la familia. Comprender y aceptar que el Ser es único, irrepetible y tan valioso como cualquiera. Sin embargo, ¿Cómo pretender convivir en armonía cuando los seres humanos no podemos conciliar nuestras capacidades. Hay que recordad: que nadie posee la verdad absoluta a excepción de Dios, y que aun ésta concepción, sólo la sostienen los creyentes.
Aplicar la regla de oro de las religiones: no hagas a otros lo que no desees que te hagan a ti mismo.
Evitar ver la paja en el ojo ajeno sin ver primero la viga en el propio.
Aceptar que se descalifica a otro, normalmente se esta descalificando uno mismo.
Reconocer las propias intolerancias, y otorgarles su justa dimensión.
Dialogar con la fuerza opositora, a fin de descubrir puntos de coincidencia.
Buscar siempre oportunidades de colaboración basadas en las capacidades del opuesto y no precisamente en sus debilidades.
Enfatizar lo que une a las personas, en lugar de lo que las divide.
Aprender que en una negociación habrá que ceder algo para ganar algo.
Entender que el poder es un elemento fáctico.
Ser tolerante es ante todo adquirir convicciones firmes y valores profundos, aceptando a la oposición como “el que piensa diferente”, conciliando intereses y conviniendo la inclusión de todos.
La tolerancia entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, como comprensión y flexibilidad, o como una actitud de aceptación del otro, es a todas luces un valor de enorme importancia: es asimismo una condición necesaria para la paz entre los individuos.
Actualmente no es posible presentarse como ambivalente o neutral en algún proceso, puesto que ello conduce a abstenerse de emitir un juicio o una crítica pretendiendo ser ecuánimes, lo que significa en todo caso evadir responsabilidad y dejar que los demás carguen con esa tarea. Por ejemplo la de enseñar cosas …
El respeto y consecuentemente la paz, no estriban hoy día en mantenerse ajenos a los problemas que enfrenta una sociedad o institución, desvinculándose de ellos por la puerta más fácil: la abstención y la neutralidad. Por lo demás, la obsesión por la neutralidad es un de las mejores formas de acabar sin ninguna idea propia dentro de la cabeza. Por el contrario, la tolerancia radica en un deseo loable de fomentar un entendimiento entre los individuos, alejando actitudes impositivas y prepotentes.
A propósito de este fenómeno llamado prepotencia, cabe señalar que se da cuando se posee una percepción unilateral del “yo”. Para ubicarse y recobrar la dimensión propia, es necesario relativizar los juicios de valor. Valgámonos de sufijos para recobrar la justa medida. Soy el mejor. Sufijo: ¿comparado con quien? Soy el más apto. Sufijo: ¿en relación con quien? Soy el más hábil. Sufijo: ¿en todo? ¿para todo?. Y volvemos a lo mismo: nadie posee la razón absoluta, ni la verdad absoluta, ni la belleza absoluta, ni el poder absoluto, ni la felicidad completa. Todo en este mundo es relativo.
He aquí algunos principios a partir de los cuales es posible aprender a ejercer tolerancia: reconocer que todos los seres tienen diferentes estilos, el poder cambia con el tiempo y siempre es relativo. Hoy se lo tiene, mañana no. Hoy se ejerce sobre alguien, mañana lo ejercerán sobre uno.
Comprender que en esta vida no se puede ganar todo, ni se puede ganar siempre. Estos sencillos pasos pueden contribuir al inicio de una convivencia solidaria y constructiva. Si todos los individuos, especialmente los dirigentes a cualquier nivel, pudieran tener en mente estos puntos, se daría el primer paso hacia la construcción de una cultura de paz.
En resumen: ser tolerante es estar convencido que el otro es diferente y que eso, a la larga, es positivo y bueno para todos porque nos hace crecer como seres humanos. Ser tolerante indica también sustituir el dogmatismo por una mejor visión de futuro, así como sustituir la imposición y la fuerza por el dialogo, la negociación y el acuerdo: sustituir la venganza por el perdón, la envidia por la generosidad, el fanatismo por el respeto y el odio por la fraternidad.
Ser tolerante es una especie de cultura, así como tener amplios filtros para analizar, con apertura y respeto, todo lo que nos viene del exterior. La persona intolerante sólo se escucha a si misma, circula siempre en un único sentido, no conoce otra música o ruido que el que produce ella misma, solo conoce una sola nota y es sorda al resto de la escala.
Fuente: Tubalkain
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